El Pescado y las Enfermedades Cardiovasculares

La relación entre el pescado y la salud cardiovascular

beneficios del pescado

El pescado se caracteriza por ser una fuente importante de nutrientes, principalmente proteínas de alto valor biológico y grasa de tipo poliinsaturado. Los pescados también nos proporcionan minerales y vitaminas, por lo que es un alimento de alta calidad nutricional.

 

El valor nutritivo y la calidad de los pescados varía en función de varios factores: la especie a la que pertenecen, la edad, el medio en que viven, el tipo de alimentación, las condiciones de transporte, distribución, almacenamiento, preparación,…

 

La cantidad de proteínas varía entre el 10 y el 25%, el agua entre 65 y 85%, de grasa entre el 0,1 y 25%; de minerales y oligoelementos entre el 0,8 y 2%. Se clasifica en pescado azul y pescado blanco en función de su contenido en grasa, si contiene menos del 3% en grasa es blanco y si tiene más del 5% en grasa son azules.

 

Las proteínas del pescado son de alta calidad, similar a las de la carne, es decir que contienen todos los aminoácidos esenciales, con la ventaja de que es un alimento que aporta menos grasa. Entre los aminoácidos que abundan en la proteína del pescado está la Lisina que es muy necesaria para el crecimiento infantil y el triptófano imprescindible para la síntesis sanguínea.

 

El pescado contiene cantidades muy bajas o prácticamente nulas de hidratos de carbono. La carne del pescado posee una razonable cantidad de vitaminas del grupo B, es decir, Vitaminas B1, B2, B12 y Niacina. Los pescados azules son una buena fuente de vitamina A, D y E por su contenido en grasa que en el pescado blanco abundan en el hígado, mientras que en el azul o graso se encuentran en la propia carne, de hecho las sardinas son a este respecto uno de los pescados más ricos. Caben destacar los siguientes minerales: yodo, fósforo, potasio y zinc.

 

Pescado y Enfermedades Cardiovasculares

 

Según los estudios la incidencia de enfermedades cardiovasculares es superior en las poblaciones con dietas ricas en ácidos grasos saturados y carbohidratos refinados, pobres en frutas, vegetales, ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, en especial los ácidos grasos Omega-3.

 

Los estudios de poblaciones que consumen grandes cantidades de grasa Omega-3 de pescado han mostrado siempre una baja incidencia en enfermedades cardiovasculares.

 

Desde el punto de vista de la salud cardiovascular, los ácidos grasos omega 3 EPA/DHA mejoran el perfil lipídico, ya que dan lugar a la producción de sustancias que reducen la presión arterial, producen vasodilatación arterial, tienen acción antitrombótica, previenen las arritmias y la muerte súbita.

El DHA o ácido decosahexaenoico del pescado parece disminuir los niveles de epinefrina en la fibra muscular lo que podría disminuir la hipertrofia cardiaca en algunos procesos.

 

Aunque los ácidos grasos omega-3 no dan lugar a cambios en el colesterol total, parece que el consumo de Omega-3 disminuye el colesterol malo o LDL, aumenta el colesterol bueno o HDL y sobre todo reduce la trigliceridemia. En pacientes con hipertrigliceridemia se ha evidenciado que con dosis de 3 a 4 gramos diarios de ácidos grasos Omega-3 (EPA/DHA) se consigue una reducción del 45% en las concentraciones de triglicéridos.

 

Un buen equilibrio en el aporte de ácidos grasos poliinsaturados esenciales y de ácidos grasos monoinsaturados o ácido oleico retarda la aparición de lesiones arterioscleróticas. Los ácidos grasos poliinsaturados parecen retrasar o corregir la aparición de diabetes del adulto, lo que reduce también a su vez el riesgo cardiovascular. La ingesta de ácidos poliinsaturados especialmente los Omega-3 parece inducir un cambio en el metabolismo graso que no solo reduce la cantidad de colesterol LDL, sino que también elevaría el HDL.

 

Se piensa que la larga cadena de ácidos grasos poliinsaturados causa un efecto reductor de las alteraciones vasculares y disminuyendo el riesgo de diversas enfermedades de esta índole.

Los estudios también sugieren que los ácidos grasos Omega-3 amortiguan el estrés oxidativo que probablemente esté relacionado con la inflamación del organismo y la reducción de la actividad de los leucocitos.

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